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Conservación del Suelo
Los suelos, fundamento de la vida
Por María Fernanda Moro (*)- Corría el año 1956. El Dr. Hugh Bennett llegaba al país para adiestrar a un grupo de profesionales que iniciaba su posgrado.
En esa oportunidad, el visitante se trasladó a la chacra de Alberto Roth, en la localidad de Santo Pipó, a quién otorgó el premio de “mejor agricultor conservacionista”.

Fue el puntapié inicial. A partir de allí, la perseverancia de muchas personas a través de la Asociación Amigos del Suelo, de algunos centros universitarios, sin descartar organizaciones públicas y privadas, nacionales y provinciales, alimentaron la llama sagrada del entusiasmo conservacionista, particularmente a través de la educación y el adiestramiento.
El 7 de julio se conmemora en la Argentina el “Día de la Conservación de los Suelos”, en memoria de la desaparición física del Dr. Bennett, creador del Servicio de Conservación de Suelos de los Estados Unidos y apóstol infatigable de esta actividad en el mundo. Decía el Dr. Bennett en su obra Suelos y Alimentos: una crisis del Mundo, editada en 1943, que el agricultor debe ser un biólogo y un ecólogo y no un productor mecánico de alimentos. Este concepto cobra cada vez más vigencia a la luz de los nuevos conocimientos y las actuales circunstancias de nuestra agricultura.
Hace unos años atrás, tuve oportunidad de asistir a un encuentro de educadores en la localidad de Gálvez, Provincia de Santa Fe. La temática propuesta fue enseñar a nuestros alumnos la importancia de conservar el recurso suelo. Desde entonces, nada cambió demasiado: las prácticas agrícolas que se realizaban a principios de los 90, se siguen aplicando a nuestros suelos; algunas llamadas “tecnologías conservacionistas” no han sido siempre correctamente empleadas y los resultados fueron, entre otros, la simplificación de los ecosistemas producto del desmonte progresivo que ha provocado pérdidas de muchas especies nativas como el Algarrobo Negro y el Quebracho Blanco para incorporar tierras con destino a la agricultura. También se observa la alteración en los biociclos de los nutrientes y el agua del suelo debido a prácticas agrícolas inapropiadas para las características y circunstancias locales, así como la desertización de los paisajes, al quedar las tierras sin suficiente cobertura vegetal que atenúe el impacto de las lluvias. Estas son algunas de las principales consecuencias que impactan negativamente, tanto sobre la biodiversidad del suelo, como sobre su productividad.
Los suelos representan una delgada capa de la superficie terrestre, que es necesario conservar, pues el suelo es un recurso natural “no renovable” que participa del ciclo de vida en la Tierra. De la productividad de los mismos el hombre obtiene sus alimentos. Esta fragilidad nos lleva a tener que replantearnos, entre otras cosas, que los suelos constituyen un fin en sí mismo, que todo aquel que contamine o realice prácticas inapropiadas debe ser sancionado por la fuerza de la Ley, por más dominio que ejerza su titular. Nuestra provincia, fue pionera al sancionar la Ley de Conservación de los Suelos Nº 8318/89; su aplicación ha contribuido al mejoramiento del manejo hacia formas llamadas “sustentables”, pero aún falta mucho por hacer. Según un informe realizado en el año 2008 por el INTA EEA Paraná en el marco del Acuerdo Complementario del convenio INTA – Gobierno de Entre Ríos, la erosión hídrica y susceptibilidad a la erosión en información de las Cartas de Suelos publicadas entre 1986 y 2005 a escala 1: 1000000, arrojan las siguientes cifras teniendo en cuenta que se trata solo de “tierras firmes” y que excluye la superficie del Dpto. Islas:

Erosión actualSuperficie (Ha)
Sin erosión 1.959.062,03
Erosión leve 275.393,08
Erosión severa1.060.683,66
Acumulación 94.947,93


En total suman 3.337.491,97 has. sobre un total de 6.200.000 has. de “tierras firmes”, lo cuál representa alrededor de un 54 % de las tierras evaluadas. Entre Ríos cuenta con una superficie total de 7.644.700 has. según datos de la Dirección de Catastro Provincial. La erosión hídrica leve representa una pérdida de menos de 5 cm (o menos del 25 % de su capa superior), la erosión hídrica severa representa una pérdida de 10 a 20 cm (o más del 50 %) de sus horizontes superficiales. La degradación del suelo puede resultar reversible o irreversible. Un centímetro de suelo tarda en formarse entre 100 y 400 años, dependiendo de las circunstancias ambientales. Los suelos tienen una tasa de formación lenta, la pérdida de más de 1 tonelada/ha./año, se considerara erosión irreversible por 50 – 100 años.
El proceso de pérdida de suelos por erosión es mucho más rápido que el de formación de suelo. Es por ello, que la pérdida de la capa superficial de suelo, disminuye la fertilidad y ocasiona la disminución de los rendimientos de las cosechas. La tierra arrastrada contribuye con la contaminación y colmatación de los cauces de los ríos, con modificación en los patrones de escurrimiento superficial, a escala de cuenca hidrográfica.
Como consecuencia de lo anterior, el suelo se compacta, pierde capacidad para retener agua y oxígeno para las raíces de las plantas, disminuyendo los rendimientos y aumentando la escorrentía, con lo cuál el suelo se vuelve más vulnerable a la erosión.

(*) Licenciada en Edafología

Nota publicada en El Diario, de Entre Ríos.

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